viernes, 16 de abril de 2021

LUNES 19 DE ABRIL DE 2021. CONFERENCIA DE FERNANDO FERNÁNDEZ.

 



La Casa del Poeta "Ramón López Velarde" en alianza con la Universidad del Claustro de Sor Juana y como parte de la Cátedra de Poesía Iberoamericana "Elsa Cross" invita a la Conferencia Magistral que impartirá Fernando Fernández "La majestad de lo mínimo", en el marco del Centenario del fallecimiento del poeta.




viernes, 12 de marzo de 2021

VIERNES 12 DE MARZO DE 2021. CONFERENCIA DE MARCO ANTONIO CAMPOS


 La Casa del Poeta "Ramón López Velarde" en alianza con la Universidad del Claustro de Sor Juana y como parte de la Cátedra de Poesía Iberoamericana "Elsa Cross" invita a la Conferencia Magistral que impartirá Marco Antonio Campos "Cuatro mujeres para López Velarde", en el marco del Centenario del fallecimiento del poeta.



 

viernes, 18 de diciembre de 2020

VIERNES 18 DE DICIEMBRE DE 2020. FELICITACIÓN A ADOLFO CASTAÑÓN.




 La Casa del Poeta "Ramón López Velarde" felicita a su muy querido amigo el poeta Adolfo Castañón por haber obtenido el Premio Nacional de Artes y Literatura 2020 en el área de Letras.






jueves, 17 de diciembre de 2020

JUEVES 17 DE DICIEMBRE DE 2020. AGRADECIMIENTO.


 La Casa del Poeta  "Ramón López Velarde" agradece profundamente a la comunidad poética y literaria su apoyo y participación que enriqueció nuestro Programa Cultural durante este difícil año y le desea lo mejor para el siguiente.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

MIÉRCOLES 16 DE DICIEMBRE DE 2020. DESDE EL CONFINAMIENTO, MANUEL DE J. JIMÉNEZ.


 Desde el actual confinamiento, la Casa del Poeta "Ramón López Velarde" desea acompañar a sus amigos, colegas y miembros de la comunidad literaria y poética con poemas de amigos de esta Institución.

Presentamos a Manuel de J. Jiménez.

De Savant

 A veces

miro la ventana y el cristal protege mi pensamiento. Eso pienso, los vidrios se empañan y luego se desempañan. Hay un sonido o una emoción entre lo que se rescata y derrocha en una superficie. Solo algunas veces, cuando las sombras son demasiado corpulentas, escucho los sonidos de los autos que aceleran y desaceleran. Una calle imagino: los domicilios y las personas; las guías sonoras en ebullición; las luces de las motocicletas que se abren y huyen por una franja de la puerta. Escucho más por las tardes, cuando los objetos bajan a la tierra en un sopor macilento. Todos ellos levitan con pequeños puntos de agua, tras una humedad suave y aritmética. Yo puedo mirar los atardeceres desde aquí, descubriendo que el sol se desploma entre ecos mudables. Lo sé por una bitácora secreta: ayer el sol se ocultó con 86 ecos, pero antier lo hizo con 64, el lunes fueron apenas 32. La semana antepasada, sigilosamente, los números eran de texturas totalmente porosas: soles que reposan en aros apolillados. Las calles son algo que solo conozco de noche o después del atardecer. Únicamente en esos horarios puedo salir y sentir la calle sin el cristal. Conjeturo las vidas que se desdoblan allá afuera. Pasadena, de acuerdo con el United States Census Bureau, es una ciudad de 133.936 personas, 51.844 hogares, y 29.862 familias. La media de edad es de 34 años. Por cada 100 mujeres, hay 95.7 hombres. Por cada 100 mujeres de más de 18 años, hay 93.0 hombres. Sin embargo, realizo mis propias estadísticas. No me conformo con estos números, ajenos a la Pasadena de noche, cuando todo descansa. Una ciudad miro: los barrios y las calles; los edificios en construcción; las luces del Colorado Blvd. que titilan hasta llegar a la Renaissance Arts Academy. Yo hago mis cálculos basándome principalmente en las guías telefónicas y los periódicos. Después miro las bandadas en el cielo que asimilan formaciones. Alzan el vuelo o se deslizan en una curva para después posarse en cables y árboles. Cada loro es una voz. En Pasadena, cada loro salvaje aprendió una voz desde el incendio de 1960, cuando escaparon de su cautiverio y copularon por la ciudad. Escucharon a la gente, a familias enteras sin que nadie se percatara. En su memoria diminuta registraron por lo menos algunas palabras. Entonces las conversaciones dadas se pueden reconstruir tomando en cuenta las señales que los loros oían. Repetir love, food, stupid. Repetir más palabras como baby, dog, parrot. Los ripios y las rimas de los loros de Pasadena en medio de la noche, posados en los cables, diciendo tantas palabras que nunca sabré, pero imagino: loro, coro, ignoro. Quizás hay un loro llamándome por mi nombre, remachando las palabras que encierro en el diccionario. Quizás otro reconoce mis resonancias y elabora nuevas palabras con ellas. Loros verdes, envueltos en amarillo, con crestas rojas. Loros o “cotorros”, como decía el abuelo, imitando mi lengua. Voces silvestres, verdes, afuera, entre las ramas.

 Manuel de J. Jiménez





martes, 15 de diciembre de 2020

MARTES 15 DE DICIEMBRE DE 2020. DESDE EL CONFINAMIENTO, ÁNGEL PÉREZ ESCORZA.


 Desde el actual confinamiento, la Casa del Poeta "Ramón López Velarde" desea acompañar a sus amigos, colegas y miembros de la comunidad literaria y poética con poemas de amigos de esta Institución.

Presentamos a Ángel Pérez Escorza.


VENDER FRUTA Y ESCRIBIR POESÍA

ES COSA DE HUMANOS

 

De niño aspiré ser
siempre


como mi padre.

Tenía el sueño de
vender fruta,

de hacer llegar

hasta la boca de
sus clientes

la jugosidad y
dulzura de la vida.

 

No tendría más de
ocho años

cuando probé

la madrugada a su
lado.

Ese frío estéril
que congeló

mis manos deseosas
de trabajo

y me hizo querer
después escribir poesía.

 

Recuerdo también
haberme arrepentido.

Haber errado en no
informarle a mi padre

que prefería

       —como los demás niños—

quedarme a dormir
en casa

y jugar

a hacer las cosas
que no hacía,

pero no fue así.

 

Con el paso de los
años aprendí

de su experiencia,

comprendí el valor
de su lucha.

Aprendí que la
fruta es frágil

como un corazón
que no se cuida.

 

Supe también del
temperamento

de las guayabas

que muestran su
agria y verde furia

a falta de calor,

y del llanto de
los cocos

que truenan

cuando el sol se
atreve a molestarlos.

 

Gracias a su
diligencia,

aprendí a tener
tacto,

a ser sutil,

amable con el
mundo.

 

 

Aprendí a sentir
apenas con las yemas

de mis dedos

y la punta de mi
alma

eso que
sencillamente

no se puede juzgar
a simple vista.

 

Sé que mi viejo
habría querido

que siguiera sus
pasos,

que madurara tan
pronto

como lo hace una
manzana

al caer de un
árbol

o como la papaya y
los mangos

que dormitan
tibios en su magullada

cama de papel,

para así,

erguirse y morir
sin miedo

frente a múltiples
bocas hambrientas.

 

Porque así son las
palabras

cuando nuestra
pulpa queda expuesta

y su firme agudeza
nos hace virar

por encima de cualquier
propósito.

 

Porque sólo así

las frutas
persisten sin miramientos

y se desgajan del
ramaje

  para anclar

           nuevos versos sobre la tierra.

 

 

 



 

lunes, 14 de diciembre de 2020

LUNES 14 DE DICIEMBRE DE 2020. SUSPENSIÓN DE VISITAS AL MUSEO "RAMÓN LÓPEZ VELARDE"


 En atención a las recomendaciones de salud y al llamado de la Jefa de Gobierno de la CDMX, se anuncia la suspensión de visitas al Museo "Ramón López Velarde" hasta nuevo aviso.